Sesión 9 - 27/02/2025
Durante la clase de hoy, nos hemos centrado en la justa distribución de las riquezas. Lo cierto, es que ha sido bastante interesante, porque se oían, de parte de la clase, argumentos tanto a favor como en contra hacia las mismas cuestiones, e incluso tanto a favor como en contra de la distribución en general, separada de momentos específicos. Sin embargo, en el momento en el que el profesor dijo: "¿y todo el mundo está de acuerdo con las becas?" A lo que todo el mundo pareció estar de acuerdo. Fue aquí, cuando se hizo claro que, al menos hoy en día, el cómo se distribuyen las riquezas, tiene más que ver con "en función de qué ideas me son favorables" que en lugar de una justicia "universal".
A nivel personal, estimo que la distribución de la belleza es necesaria, pero con moderación y con una adecuada regulación. Es decir, ni un extremo, ni otro. El extremos de "no repartir" ya se sobreentiende en el momento en el que confirmo estar de acuerdo con "distribuir", pero, ¿cuál es su opuesto? El distribuir sin ton ni son. Es por ello por lo que repudio medidas como el bono joven. Y es que, como me han llegado a decir, "400 euros no son nada". Y, en efecto, 400 euros no son nada... El problema, es cuando esos 400 se multiplican por la cantidad de jóvenes que los obtienen, por separado, cada año. Y esto, lo puedo decir con la cabeza alta, porque yo renuncié a mi bono y ni siquiera llegué a solicitarlo. Al fin y al cabo, soy férreo en mis percepciones y, si bien el que yo solo renuncie a mi bono, no hace mucho, al igual que el colibrí en su fábula: "me complace el hacer mi parte".
Por lo tanto, que la riqueza se distribuya en ayudas para personas que han sufrido desastres como el de La Palma o como a los damnificados de la Dana, o ayudas de mínimo vital para personas que, aunque en activo, se encuentren desempleadas, así como para personas con discapacidad... Me parecen justas. Lo que no veo correcto, es que se nos pague solo por ser jóvenes. Una cosa es una beca para quienes las necesitan y, otra muy distinta, es regalar dinero a todo el que cumple los 18 como si el Estado se preocupase de cuántos numeritos soplamos en la tarta en el día de nuestro cumpleaños.

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